Cuando el maestro señala la luna

Sergio
12/01/2022

María está sentada esperando que yo finalice con la paciente que estoy atendiendo para que podamos comenzar nuestra primera sesión de terapia. Cuando finalmente salgo, le doy hora a mi paciente, la despido y me dirijo a ella para, después de saludarla y presentarme, invitarle a que pase dentro de la consulta. Ella, con gesto muy amable, me mira y me dice: “No te vas a tomar un descanso entre sesión y sesión, yo puedo esperar unos minutos”.

Hace más de veinte años que realicé mi formación en Terapia Gestalt. Era allá por el año 1994. En aquel entonces yo estaba descubriendo el mundo de la terapia y, más importante aún, descubriéndome a mí mismo. Cada taller era una aventura nueva y cada terapeuta una fuente de aprendizaje e inspiración. De todos y cada uno de ellos tomaba algo para incorporarlo al terapeuta interno al que estaba dando forma, y dejaba algo que no iba conmigo. Pero de unos y de otros había algo que no conseguía incorporar, y que reconozco fue una fuente de frustración durante un tiempo. Me refiero a esa capacidad que mostraban para ver lo obvio. Me explico. En muchas ocasiones, cuando algún terapeuta trabajaba con un compañero mío de formación, de pronto le hacía una observación respecto de su modo particular de estar en el mundo, que daba de lleno en la diana. A mí en aquel momento esa capacidad de ver lo obvio me parecía arte de magia. Sin embrago, a más ponía yo mi atención y mi intención por descubrir, menos descubría, menos entendía y más me frustraba. Quería que me explicarán cómo lo hacían, pero como dice el refrán, “cuando el maestro señala a la luna, el alumno mira el dedo”.

Cuando María, nada más presentarnos, me dice: “no te vas a tomar un descanso entre sesión y sesión, yo puedo esperar unos minutos”, una parte de mí ve una persona sensible, amable y cuidadosa, cosa que es cierta en el caso de esta paciente, y otra parte, en este caso el terapeuta, toma conciencia de que esta persona que acude a mí en busca de ayuda, lo primero que hace es cuidarme a mí. Esa parte de la relación que es “asimétrica”, en el sentido de yo le ofrezco ayuda y ella la recibe, nada más comenzar nuestro encuentro ha sido invertida por un instante, cosa que considero lo suficientemente significativa como para, una vez iniciada la sesión, comentarle que este hecho me ha llamado la atención. Le pregunto si lo considera algo anecdótico o, si por el contrario, para ella es conocida esta pauta de cuidar a aquellos de los que necesita cuidado. En ese momento comienza a relatarme la relación con su madre quien, desde que ella era niña, sufría importantes episodios depresivos y a la que siempre ha sentido que tenía que cuidar. Posteriormente, cuando le pregunto por el motivo de consulta, me dice que es porque se está planteando dejar a su pareja, está cansada de tirar de la relación. ¡La luna siempre ha estado ahí y yo sólo veía el dedo!

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