Conflictos en pareja. El problema no es el tapón de la pasta de dientes

Sergio
10/02/2022

Un hombre pasea de noche por la alameda de su pueblo cuando al cruzar por la entrada de un oscuro callejón, le llama la atención una persona que da vueltas a cuatro patas alrededor de los pies de una farola. Movido por la curiosidad, se acerca y comprueba al instante que el hombre que gatea en el callejón, está completamente borracho. Se agacha y le pregunta: – ¿Se le ha perdido a usted algo? -, ante lo que el borracho le contesta: – La llave de mi casa, que se me ha caído al suelo allí, en aquel rincón del callejón – El hombre, sorprendido por la contestación que éste le da, exclama: – ¡Por Dios caballero!, si se le ha caído la llave allí, en aquel rincón, porqué la busca usted aquí -. El borracho, al escuchar la pregunta exclamatoria, levanta la cabeza, mira un tanto perplejo al buen samaritano, y le contesta: – ¡Pero hombre, no ve usted que aquí hay mucha más luz! -.

Un importante Terapeuta Gestalt,  Michael Vincent Miller, relata en uno de sus libros, “Terrorismo Intimo”, ese momento en el que, como él dice, “un huevo frito deja de ser un huevo frito”, es decir, el momento en el que una pareja comienza una discusión impresionante a la hora de cenar porque el huevo frito que forma parte del menú de la velada, no lleva suficiente sal. Puede parecer a primera vista ridículo, pero no nos engañemos, todos hemos dicho a nuestra pareja en algún momento eso de… “vamos cariño, no discutamos por esta tontería”, en referencia a cuestiones, por ejemplo, tales como si hemos cerrado o no el tapón de la pasta de dientes después de usarla. ¡Cuantos amores se habrán roto por el dichoso tapón de la pasta de dientes! Con la lista de ejemplos acerca de esas “pequeñas tonterías” que han hecho naufragar más de una relación de pareja podría empapelarse las paredes de la gran muralla china. Pero, cómo puede ser que el dejar el tapón de la pasta de dientes sin poner (y un huevo sin sal) sea un motivo tan importante para una pareja como para que de al traste con su relación. ¿Realmente podemos afirmar que una relación se puede rompe a base de tonterías?

Pues si y no, me explico. Tenemos que decir, por un lado, que si, porque la realidad sienta cátedra al respecto, es decir, son reales los casos de separación de parejas que no dejaban de discutir y conflictuarse por estas pequeñas “tonterías”. Pero al mismo tiempo, estas “tonterías”, no son más que el síntoma de una realidad más profunda y compleja. Pondré un ejemplo.

Una pareja ha quedado en verse al salir del trabajo en un punto de la ciudad para ir a visitar una exposición. Ella llega quince minutos tarde y él se molesta con ella expresándole que ahora ya no vale la pena ir al museo con prisas, que mejor lo dejan. Es ahora ella la que se molesta y dice que si dejan de discutir y salen pitando aun están a tiempo de llegar y verla. Al final, después de veinte minutos discutiendo, se dirigen al museo y, como es normal, para cuando llegan ya están anunciando el cierre del mismo. Él la recrimina de nuevo por su impuntualidad, ella por su rigidez. Esta discusión se repite cada dos o tres semanas de forma cíclica, ella llegando quince minutos tarde, él recriminándole su tardanza. Los dos, después de comprobar como crónicamente se quedan sin ver museos, películas, recitales, etc. coinciden en que no hacen más que discutir por “tonterías”, pero aun así no pueden parar de hacerlo. Podemos pensar que sería mejor que se fueran al museo corriendo y que discutieran la cuestión a la salida, tal vez, lo que ocurre es que, como decía antes, la realidad es más compleja y profunda de lo que nos parece a primera vista. Veamos.

Cuando él llega a su cita puntual, está ansioso por verla a ella, no tanto por ir a la exposición del museo. Él interpreta su propia puntualidad como un gesto de de educación y organización personal de su tiempo, cuando en realidad, en el fondo, es una cuestión de ansia de amor. Cuando ella llega quince minutos tarde, sistemáticamente, él lo interpreta como falta de previsión en sus tareas, cuando en el fondo, digamos inconscientemente, lo que verdaderamente le ocurre es que piensa: “si me quisiera tanto como yo a ella estaría puntual aquí como yo”, por lo que se siente dolido y en parte abandonado por ella durante esos quince minutos. Como no es consciente del todo de lo que hay en el fondo de su corazón, de lo que habla con ella es de la importancia de la puntualidad.
Cuando ella llega a las citas tarde, como sabe que se lo encontrará con el gesto contrariado, trata de razonarle acerca de la tontería que supone perderse la visita al museo por discutir acerca de los diez minutos de tardanza. Pero ella también, en el fondo, lo que le ocurre es que se siente presionada por él, por su ansia de estar con ella, y como no sabe expresárselo claramente, ni quizás en muchos momentos es consciente de que es esto lo que verdaderamente siente, pues le replica su argumentación de la importancia de la puntualidad y la organización personal.
De esta forma, ambos están buscando una solución al conflicto tratando el tema de la puntualidad, cuando en el fondo no es la puntualidad lo que les hace entrar en conflicto, sino, en el caso de él, la ansiedad que experimenta cuando ella no llega puntual y, en el caso de ella, la sensación de presión que experimenta cuando él le argumenta y sermonea por sus tardanzas. Pero claro, les es más fácil discutir acerca de la puntualidad, (buscar la solución donde hay más luz, debajo de la farola) que no escuchar con honestidad y expresar qué es lo que verdaderamente les inquieta (adentrarse en la oscuridad del callejón). Es importante que nos aventuremos a percibir con detenimiento nuestros sentimientos y las necesidades que comportan y que decidamos después expresarlos con transparencia y respeto ante nuestra pareja, aunque nos sintamos vulnerables, pues así podremos llegar a poner luz en mitad de la oscuridad de nuestros conflictos.

Es cierto que en los conflictos es más fácil mostrarse enfadado que vulnerable, pero sólo permitiéndonos experimentar la vulnerabilidad con franqueza podremos llegar a sentirnos seguros y a poder “ver con claridad” en mitad de la oscuridad que suele envolver a los conflictos.

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