Relaciones entre padres e hijos

Sergio
10/02/2022

Los miembros de una familia son como islas que se mantienen unidas gracias a la comunicación, permitiéndoles así salir del aislamiento personal al que se verían abocados sin ella. Funciona como una autopista de doble sentido que permite unir los sentimientos y necesidades más vitales de cada miembro de la familia. Una comunicación saludable es una de las herramientas fundamentales para ayudar a los hijos a desarrollar una personalidad sana, segura y equilibrada. Como decía una reconocida psicoterapeuta familiar, V. Satir: “La comunicación es a las relaciones familiares, lo que el aire es a la vida.”

La capacidad para comunicar es innata en el ser humano, pero la calidad de esta comunicación y su repercusión en las relaciones personales puede incrementarse notablemente con el conocimiento y aplicación de ciertos principios básicos, convirtiéndose de esta forma la comunicación en todo un arte que

debemos y podemos aspirar a dominar. Por ejemplo una de las quejas que suelen manifestar los padres es como consecuencia de, según ellos, la falta de comunicación de sus hijos, aduciendo que cuando les preguntan por sus estudios o cualquier otro tema similar, les responden con monosílabos o con comentarios evasivos. Una de las primeras reglas de la comunicación dice que “no existe la no comunicación”, es decir, el silencio del hijo ante la pregunta de sus padres es una respuesta que puede significar tal vez “no quiero hablar del tema” o “tengo miedo a hablar acerca de esto”, etc. Una alternativa puede ser cambiar la pregunta. Si un padre pregunta por las notas y el hijo la esquiva, la siguiente intervención no debería ir dirigida de nuevo a insistir en los estudios, sino a explorar el porqué de su silencio. Un comentario del tipo “tengo la sensación de que te sientes molesto con mi pregunta” tal vez puede abrir la conversación y la relación permitiéndoles salir del impasse.

Así pues, la psicología de la comunicación nos aporta una información valiosa cuya aplicación nos puede ser de utilidad para favorecer la creación de relaciones familiares más ricas y saludables.

Profundicemos pues, en algunos de estos aspectos que nos pueden conducir a conseguir nuestro objetivo. Empezaré y me centraré en lo que comúnmente llamamos en psicología escucha activa.“Tienes dos orejas y una sola boca, por tanto, escucha el doble de lo que hablas”. Prv. Judio.B. Gracián decía que “el más poderoso hechizo para ser amado es amar”, quizás parafraseándolo podríamos decir que “el más poderoso hechizo para ser escuchado es escuchar”. La mayor herramienta de que disponemos para que nuestros hijos se abran y se comuniquen espontáneamente es escucharlos activamente y con empatía. Pero, qué significa esto. Escuchar activamente a nuestros hijos es algo distinto a oírlos. Podemos oír y no escuchar. La audición es un proceso puramente fisiológico, bastan dos oídos para ello. La escucha activa es mucho más, es otra cosa, es un aspecto actitudinal, una predisposición para comprender con la mayor profundidad posible qué es lo que nuestro hijo está queriendo comunicarnos. Es una muestra de interés sincero por entenderlo. Supone aceptar incondicionalmente sus mensajes, entendiendo que lo que trata de decirnos es importante para él, aunque no lo sea para nosotros. No es necesario estar de acuerdo con lo que esta diciendo para poder escucharlo activamente, aunque sería importante que no, olvidásemos que “hasta los relojes parados tienen razón dos veces al día”.

Normalmente, la mayor parte de las veces, cuando estamos escuchando a nuestros hijos, internamente estamos preparando una contra argumentación, elaborando nuestra opinión respecto de

las ideas y necesidades que está expresando en ese momento. Es como una lucha de poder acerca de quién de los dos tiene razón. Escuchar a nuestros hijos supone estar más interesado por comprenderlos a ellos, en advertir qué nos quieren decir, que en decirles lo que queremos que comprendan. Es mucho más saludable para el desarrollo de nuestros hijos el sentimiento que experimentan al sentirse comprendidos y escuchados, que la información que puedan recibir acerca de nuestros consejos, opiniones, mandatos, ordenes, etc. Escuchar activamente es también prestar mayor atención a la parte emocional del mensaje que a la lógica. Recuerdan los versos del poeta A. Machado cuando decía que “en los labios niños las canciones llevan, confusa la historia, pero clara la pena”, creo que es una forma hermosa de expresar esta idea. De igual forma que con los niños pequeños tendemos a abrazarlos cuando entre sollozos tratan de explicarnos que se han hecho “pupa” al caer al suelo, y no esperamos a entender sus palabras para socorrerlos, deberíamos conectar y empatizar primeramente con el estado emocional del joven antes que discutir acerca de lo acertado o no de su argumentación. Es importante que aprendamos a descubrir el sentimiento fundamental que experimenta mientras nos habla y hacerle saber que estamos interesados en éstos sus sentimientos.

En definitiva, lo que estamos tratando de hacer es atender más la relación que el contenido, estar más ocupados de que la relación afectiva no se enfríe, que en el asunto concreto que se esté tratando. Se trata de “no vender el coche para comprar gasolina” es decir, si nuestro interés cuando hablamos con nuestro hijo respecto de sus malas notas es mostrar nuestra preocupación por el bienestar de su futuro, y para ello estamos creando una relación tensa y distante que le lleva a alejarse de nosotros, no estamos avanzando gran cosa. Si no conseguimos crear un clima relacional que permita contar con su receptividad, nuestra orientación como padres no podremos desarrollarla adecuadamente. Y es que en ocasiones los padres confundimos el diálogo con el monólogo y la comunicación con la enseñanza. Es importante tener en cuenta, como decía G. Sand, que “el intelecto busca, pero quien encuentra es el corazón”. Recuerde que si consigue desarrollar esta actitud de escucha activa y empática, está sirviendo como modelo para el establecimiento de un aprendizaje observacional por parte de su hijo, y de todos es sabido que los niños aprenden mejor copiando lo que ven hacer a sus padres que lo que oyen que éstos le dicen.

Algunos aspectos que te pueden ayudar a desarrollar estas habilidades comunicacionales con tus hijos pueden ser los siguientes:

 

1.- Reformula con tus propias palabras lo que tu hijo te ha expresado para comprobar que lo has entendido y para favorecer que él se sienta escuchado. Puedes hacerlo con expresiones como “si te entiendo bien, lo que tú quieres decirme es…” o “entonces lo que tu piensas es…”

 

2.- Pídele posteriormente que te diga si cree que tú le has comprendido bien, no des por sentado que lo que tú has entendido es lo que él ha querido decirte. Puedes hacerlo con expresiones como “¿crees que he captado lo esencial de tu idea?, “¿me he dejado algo importante para ti?” etc.

 

3.- Guarda silencio y no interrumpas su exposición aunque no la compartas hasta que sientas que él ha terminado. Tú silencio atento es para tu hijo un indicador de interés y te ayudará a empatizar con él.

 

4.- Crea un clima emocional que facilite la comunicación, no permitas que la T.V., la conducción, las prisas etc. resten calidad al momento de encuentro.

 

5.- En saber sugerir consiste la gran fineza pedagógicarecuerda estas palabras de Amiel, escritor suizo, cuando trates de enseñarle algo importante para ti. Los hijos quieren más ser estimulados que instruidos.

 

6.- Conversar es dar cuenta de nosotros mismos. Pon más énfasis en expresarle lo que sientes que en darle tu opinión, así podrás pregúntale cómo se siente él al hablar contigo y qué necesita que cambies para que se abra más.

 

7.- No le sermonees utilizando expresiones imperativas como “deberías hacer tal cosa o tendrías que portarte de tal forma”, etc., recuerda que en ese momento la relación perderá calidad y tú mensaje caerá en saco roto.

 

8.- Es importante que mantengas un contacto visual cálido e interesado con tu hijo mientras os comunicáis, te ayudará a empatizar con él y ganar su confianza.

 

9.- No temas expresarle tu ignorancia cuando no sepas cómo mejorar la calidad de vuestra comunicación. Preguntarle, esto le hará sentirse involucrado e importante.

 

10.- Cuando estés interesado en hablar con él sobre algún tema que le pueda inquietar, pregúntale primero si le parece un buen momento para hacerlo y respeta sus necesidades.

 

11.- Presta mucha atención a sus mensajes corporales, ellos te indicarán a un nivel profundo como se puede estar sintiendo al escucharte. Por ejemplo si esquiva tu mirada, si se cierra cruzándose de brazos, si manifiesta inquietud o nerviosismo con movimientos de piernas, jugueteando con el bolígrafo, golpeando con sus puños a modo de juego la mesa, etc.

 

12.- Cuando una conversación resulte conflictiva, es importante que trates de finalizarla estableciendo un contacto físico con tu hijo. Un abrazo, una mano en el hombro, un beso, etc. os ayudará a primar el afecto sobre el conflicto, no teniendo miedo con posterioridad a mantener conversaciones respecto de temáticas difíciles.

 

13.- No caigas en el tan conocido “te lo he dicho mil veces”, si lo decimos tantas veces es porque no lo decimos bien, quizás te pueda ayudar a este respecto y, para terminar, el pensamiento de uno de nuestros grandes poetas, F. Quevedo. cuando decía que “las palabras son como las monedas, que una vale por muchas como muchas no valen por una”.

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